An African-American woman sitting on a couch with her teenage son and talking.

Por qué importa cómo lo dices: Usar un lenguaje tranquilo y sin prejuicios con tus hijos

  • Familia
  • 25 de marzo de 2026

Como persona que ha trabajado durante años con jóvenes, incluyendo mi etapa como directora en el Boys and Girls Club, puedo afirmar con seguridad que los niños siempre se fijan en cómo responden los adultos, incluso cuando no lo parece. Ahora, en mi labor de prevención del consumo de sustancias en jóvenes, observo el mismo patrón en los padres. No siempre es lo que se dice lo que cala en un niño, sino cómo se dice. El tono, el lenguaje corporal y el ambiente general de la conversación pueden abrir o cerrar la puerta por completo. Por eso, usar un lenguaje tranquilo y sin prejuicios al hablar sobre sustancias es una de las herramientas más importantes que un padre puede tener.

Muchos padres reaccionan por miedo, lo cual es comprensible. El consumo de sustancias es un tema serio y nadie quiere que su hijo corra riesgos. Cuando una conversación comienza con ira, pánico o castigo inmediato, suele tener el efecto contrario al deseado. Según CADCA, los jóvenes son más propensos a adoptar comportamientos saludables cuando se sienten conectados con adultos de confianza y creen que pueden hablar abiertamente sin temor a ser juzgados severamente. Si un joven siente que se meterá en problemas solo por ser honesto, es mucho más probable que se cierre en sí mismo u oculte cosas en el futuro.

Lo he visto suceder en tiempo real. Un adolescente tantea el terreno diciendo algo como: "Todo el mundo lo hace, no es para tanto". No siempre es lo que parece. Muchas veces es una pregunta disfrazada. Intentan averiguar qué piensas y si es seguro hablar. Si la respuesta es "Absolutamente no, fin de la conversación", la charla termina antes de empezar. Si la respuesta es tranquila y curiosa, algo como "¿Por qué piensas eso?" o "¿Qué has oído al respecto?", se crea un espacio de diálogo. Según NAADAC, la comunicación respetuosa y no confrontativa ayuda a reducir la actitud defensiva y aumenta la probabilidad de que los jóvenes comprendan lo que se les dice.

El tono juega un papel fundamental. Puedes decir la misma frase de dos maneras diferentes y obtener resultados completamente distintos. Un tono tranquilo demuestra que tienes el control y que estás ahí para apoyar, no para atacar. Le comunica a tu hijo que se trata de una conversación, no de un interrogatorio. En mi experiencia, cuando los padres se mantienen serenos y evitan reaccionar de forma exagerada, los niños están más dispuestos a seguir hablando, incluso sobre temas difíciles. Ahí es donde reside el verdadero impacto. No se trata de una reprimenda, sino de una conversación fluida donde la confianza se construye en tiempo real.

En definitiva, los padres no necesitan un guion perfecto. Simplemente necesitan estar presentes, mantener la calma y dejar la puerta abierta. El objetivo no es ganar la conversación ni demostrar que tienes razón. El objetivo es construir una relación en la que tu hijo se sienta cómodo acudiendo a ti, incluso cuando las cosas se pongan difíciles. Si logras eso, ya estarás haciendo una de las cosas más importantes para proteger a tu hijo. Inicia la conversación, manténla y recuerda que tu tono podría ser el mensaje más importante que escuche.